Soluciones de aislamiento térmico para fachadas, ¿qué tipos existen?

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El Código Técnico de Edificación (CTE) marca las directrices para la reducción en el consumo de energía utilizada en edificios. Como todos sabemos, el cambio climático ha obligado a buscar opciones y soluciones que ayuden a disminuir dicho consumo. Por supuesto, tienen que ser también ambientalmente sostenibles, con buena relación calidad precio y cuyos efectos sean a corto plazo o inmediatos. Y es ahí donde el aislamiento térmico para fachadas tiene un papel clave.

La situación de nuestro país es particular: cerca del 80 % de las viviendas que existen se construyeron antes de la década de los 80. Esto tiene particular importancia porque fue antes de que se establecieran normativas relacionadas con el ahorro y la eficiencia energética. Y si a esto le añadimos que el 40 % de la energía consumida es por los edificios, mayor importancia reviste este tema. Sobre todo porque además los edificios generan un tercio de los gases de efecto invernadero. ¿Podrá entonces estar la respuesta en la aplicación de un aislamiento térmico en sus fachadas? Atendiendo al emplazamiento del material aislante ¿Cuáles son los tipos de aislamiento que existen?

Tipos de aislamiento térmico para fachadas según su colocación

Ya se trate de una edificación nueva o de una ya existente (sobre todo si tiene más de 30 años), por lo ya mencionado, es necesario que cuente con un aislamiento térmico.

Tanto en obra nueva como en rehabilitación, son tres las principales clases de aislamiento térmico para fachadas:

  1. Aislamiento térmico interior de fachadas. Cuando se trata de mantener las condiciones estéticas externas, es común decantarse por esta alternativa. En este caso, el sistema se enfoca al volumen de aire en el interior, no en la masa de los muros. La masa y la capacidad caloríficas son bajas, con climatización rápida, aunque requiere que el sistema de climatización sea constante para mantener esa temperatura.

Esta opción es buscada cuando se trata de segundas residencias, por ejemplo, porque los nuevos inquilinos no notarán que hay una reducción del espacio. Dicha reducción ocurre por la aplicación del sistema de aislamiento, lo cual representa una desventaja. Pero además el aislamiento térmico interior no elimina los puentes térmicos (perímetros de huecos, pilares, etc.), pudiendo haber condensación y moho.

  1. Aislamiento térmico exterior de fachadas (SATE). A diferencia del sistema anterior, lo que se logra con el sistema SATE es disminuir lo más posible los puentes térmicos. De esta forma no se tienen efectos extremos dependiendo de la época del año (paredes muy frías o muy calientes). Tampoco habrá condensaciones y sus efectos indeseables, como el moho. Consiste en añadir un recubrimiento extra a la superficie de la fachada del edificio, con un equilibrio entre estética y funcionalidad.

Esta cubierta logra una mayor inercia térmica de la superficie y de su capacidad de acumulación térmica. De esta manera la temperatura se mantiene estable y agradable, sin necesidad de mantener trabajando todo el día la climatización o calefacción. Otra de sus ventajas en rehabilitación es que no hay que desalojar espacios o habitaciones durante su instalación, ocasionando mínimas molestias a los habitantes del lugar. Tampoco se reduce el espacio interior como en la opción anterior, sin reducir su superficie útil. Si existiesen fisuras o daños externos en el revestimiento original por el paso del tiempo u otros eventos, se corrigen con esta solución constructiva, mejor conocido como sistema SATE.

  1. Aislamiento térmico en la cámara. El aislamiento en cámara se lleva a cabo en la cavidad que hay entre la pared del cerramiento exterior y la pared interior. Es una alternativa cuando no es posible realizar ninguno de los sistemas anteriores. No obstante esta opción no disminuye los puentes térmicos, pudiendo haber condensaciones y moho.

Entre los diferentes tipos de aislamiento en base a su emplazamiento el SATE es la mejor de las soluciones puesto que presenta grandes ventajas frente a los otros, ya que es el único sistema de eficiencia energética que minimiza o elimina los puentes térmicos. Dejando por el interior de la capa aislante, la masa del muro que contribuye a la mejora de la inercia térmica de las viviendas, y por lo tanto reduce de la amplitud térmica intramuros y mejora la inercia térmica de los edificios, ayudando a mantener estable la temperatura en el interior de las viviendas, además de la reducción de las condensaciones superficiales interiores.